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¡Ya disponible el capítulo 3 de Hidamari ga Kikoeru!
Hay momentos en los que conocer de verdad a alguien empieza por las cosas más pequeñas. ☀️ En este tercer capítulo, Taichi y Kōhei continúan compartiendo su peculiar rutina entre clases y almuerzos, pero esta vez también aparecen recuerdos, inseguridades y gestos que permiten mirar a ambos desde un lugar un poquito más cercano.
Un rodaje de lo más inesperado.
La rutina universitaria se rompe por un momento cuando Taichi termina involucrando a Kōhei en el rodaje del club de cine. Y lo que empieza como una invitación improvisada acaba convirtiéndose en una jornada bastante peculiar, con maquillaje, cámaras y unos cuantos zombis de por medio.
Es uno de los momentos más ligeros del capítulo, pero también sirve para sacar a Kōhei de su espacio habitual y mostrarlo compartiendo tiempo con más gente. Taichi, como siempre, tiene bastante que ver en ello.
A veces solo hace falta que alguien insista un poquito para abrir una puerta nueva.
Escuchar no siempre significa comprender.
El episodio también aborda con bastante sensibilidad algo que la serie lleva planteando desde el principio: la diferencia entre intentar comprender a Kōhei y convertir su problema de audición en aquello que lo define por completo.
Una conversación hace que Taichi deje muy clara esa diferencia. Para él, Kōhei no es alguien al que haya que mirar con lástima ni una historia romántica idealizada: es una persona cuya realidad merece ser entendida y respetada tal y como es.
Comprender a alguien empieza por dejar de imaginar quién debería ser.
El sabor de un recuerdo.
Las hamburguesas vuelven a ocupar un lugar muy especial en este capítulo. Lo que podría parecer simplemente otro almuerzo compartido acaba conectando con una parte mucho más personal de Taichi y con recuerdos de una etapa complicada de su vida.
Y precisamente ahí aparece uno de esos gestos pequeños que Hidamari ga Kikoeru sabe convertir en algo enorme. Una comida preparada pensando en otra persona puede decir muchísimo sin necesidad de pronunciar una sola palabra.
Hay sabores capaces de guardar recuerdos que nunca terminamos de olvidar.
Las palabras que merece la pena repetir.
Entre los apuntes y la comida aparece también una conversación que recupera algo que Taichi le dijo a Kōhei tiempo atrás: no debería sentirse culpable por no haber oído algo, ni tener miedo de pedir que se lo repitan tantas veces como sea necesario.
Es un momento sencillo, pero resume muy bien cómo está cambiando la relación entre los dos. Lo que para uno pudo ser una frase espontánea terminó significando muchísimo para el otro. Y poco a poco ambos empiezan a descubrirlo.
Algunas palabras permanecen mucho después de haber sido pronunciadas.